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Gestión Emocional con Trance

Cuando evitamos las emociones, o las intentamos controlar o analizar, suelen permanecer igual. En cambio, cuando en un estado de atención concentrada –como es el trance hipnótico– nos enfocamos en la sensación corporal asociada a esa emoción, ocurre algo diferente. La atención transforma la experiencia porque hace consciente lo que estaba implícito. Entonces aparece una nueva comprensión, y la emoción cambia, porque ya no necesita expresarse de la misma manera.

Las emociones contienen información que todavía no hemos comprendido del todo. Cuando dejamos de luchar contra ellas y las observamos con atención, esa información puede desplegarse y reorganizarse en la conciencia.

Existen diferentes métodos terapéuticos para abordar emociones: trance hipnótico, hipnoterapia ericksoniana, focusing, mindfulness, terapia experiencial (EFT, Gestalt).

Por ejemplo, en una persona que siente ansiedad en el estómago, en lugar de reprimirla o intentar distraerse, lo que se hace es enfocar la atención a la sensación. Poco a poco aparecen imágenes, recuerdos, significados o asociaciones. De pronto comprende algo que no se daba cuenta: “en realidad no tengo miedo a hablar en público, si no a ser juzgado… o a decepcionar a mi padre… o a que se rían de mi…”. El momento de reorganización se conoce como insight en psicología.

En este caso, lo importante es que no es una simple toma de conciencia intelectual, sino que la experiencia emocional también cambia. Se siente por dentro y se puede observar objetivamente en el lenguaje no verbal.

¿Por qué sucede?

El cuerpo sabe más de lo que la mente consciente puede expresar.

La sensación corporal contiene significado implícitos, todavía no formulados en palabras, es decir, no existe una narrativa.

Al prestar atención a la sensación, el significado implícito se vuelve explícito, aparece una nueva comprensión y la experiencia se reorganiza. Se revela algo que ya estaba en el cuerpo.

Desde el punto de vista neurofisiológico, las emociones no se localizan en una única zona del cerebro, como la amígdala, sino que surgen de la interacción entre distintas redes cerebrales que participan en la percepción, la memoria y la interpretación de lo que vivimos. Una emoción es una experiencia en la que se entrelazan el cuerpo y la mente: lo que percibimos, los cambios fisiológicos, los recuerdos, las expectativas y las creencias inconscientes. Así, al sentir miedo, tristeza o rabia no consiste en experimentar una sensación: también implica dar un significado a la situación y sentir un impulso a actuar de determinada manera.

Cuando se mantiene la atención sobre una emoción, se pueden poner en marcha varios procesos:

– Se hace más consciente de las señales corporales asociadas: presión en el pecho o en estómago, tensión muscular, cambios en la respiración.

– Se activan redes que influyen en la valoración emocional y en el significado de la experiencia.

– Se conecta con recuerdos, imágenes, palabras y significados aprendidos.

– Al evitar la reacción automática, aumenta la posibilidad de diferenciar entre sensación corporal, la interpretación y el impulso de actuar.

– Se recupera memoria emocional y aparece información nueva, que puede actualizarse en un proceso de reorganización cognitiva.

La atención sostenida introduce nueva información en los patrones automáticos de respuesta. La persona puede comprobar que la sensación es intensa pero tolerable, y que en parte pertenece al pasado, pero que ahora tiene más recursos. Aunque la emoción pueda persistir, el cerebro puede cambiar los automatismos y el significado.

Por ejemplo, una presión en la garganta puede activar de forma automática el miedo a ser rechazado al expresar una opinión. Al prestar atención a la sensación, relacionándola con experiencias anteriores y comprobar que en el presente se tiene más recursos, la respuesta emocional puede actualizarse. La presión quizá no desaparezca del todo, pero se hace más manejable y no impide expresar la opinión.

¿Qué aporta el trance hipnótico?

El trance hipnótico favorece una atención focalizada y una mayor receptividad a las sugestiones. En este contexto, las imágenes, las sensaciones y los recuerdos pueden adquirir mayor protagonismo. Las sugestiones pueden ayudar a explorar aspectos de la experiencia que no solemos advertir y favorecer nuevas asociaciones y una mayor comprensión de lo que sentimos.

Además, el trabajo con hipnosis en la gestión emocional puede favorecer la integración de nuevos aprendizajes y contribuir a cambios en la manera de sentir y actuar, incluidos determinados hábitos.

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